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Más que un cameo: La maravillosa vida y obra de Stan Lee

Nueva York. 1939. Los Estados Unidos pasaban entonces por una época y un clima político y social que no se estaba para fantasías ni delirios infantiles sobre los recién nacidos »superhéroes». Si bien un año antes, los artistas Jerry Siegel y Joe Shuster habían publicado el histórico debut de Superman en Action Comics N° 1este era un género que estaba lejos de cautivar al público general como lo hace en los tiempos modernos. Los superhéroes eran entonces: historias para niños.

Martin Goodman, un hombre de negocios joven y visionario, fundó la editorial que por aquella época era conocida como Timely Publications‘  y que a mediados de 1939 comenzó a publicar regularmente las aventuras de la Antorcha Humana y Namor el Hombre Submarino. En aras de extender el personal de su editorial y convertirla en un negocio rentable, Goodman contrató a un joven equipo de escritores, artistas y dibujantes entre los que figuraba su primo político Stanley Martin Lieber, un aficionado a las novelas de detectives, aventuras y fantasía, de escasos 19 años, que, por miedo al fracaso, firmaba sus propias creaciones bajo el pseudónimo de Stan Lee.

Después de realizar un corto servicio militar (1942 – 1945) en la Segunda Guerra Mundial, Stan Lee regresó a la editorial, que durante esos tres difíciles años había dejado de lado al género de los superhéroes y se había inclinado hacia la publicación de historietas cómicas, románticas y de humor adolescente. El género no sólo había decaído en las oficinas de Timely, sino en todas las casas editoriales, incluidas las series Action Detective Comics(DC), y no cobraría una verdadera popularidad hasta después de 1956.

Los intereses de los lectores se encontraban en los géneros western, ciencia ficción, terror y fantasía, por lo que Atlas Comics (antes Timely Publications) se convirtió en un referente de estos estilos en los años 50’s, a causa del trabajo de sus talentosos dibujantes Jack Kirby y Steve Ditko. En Atlas, unfrustrado Stan Lee continuaba trabajando como guionista, este Stan aún apostaba tercamente por el género de los superhéroes, y en 1961, dio vida a un equipo que salvó (nunca mejor dicho) al género de una desaparición que parecía inevitable, más que un equipo, una familia: Los Cuatro Fantásticos.

      La verdadera razón por la que Fantastic Fourse convirtió en una serie de apabullante popularidad, fue la humanista construcción de sus personajes. Este no era un grupo de superhéroes invencibles e inmaculados. Los Cuatro Fantásticos son una familia errática en la que Reed Richards y Sue Storm funcionan como los jefes de hogar que sufren las desesperantes peleas del tío Ben Grimm con su arrogante sobrino adolescente Johnny Storm mientras todos ellos resuelven sus propios conflictos y lidian con una responsabilidad para la que ningún hombre está listo: los superpoderes que te obligan a salvar el mundo.

Temas como la inseguridad, la discriminación, el honor y la justicia se trabajaron con gran profundidad en las páginas de Marvel Comics(antes Atlas Comics) por medio de personajes venideros como Spider- Man, los X- Men, los Vengadores y Daredevil, personajes que vieron la luz a partir del enorme éxito de los Cuatro Fantásticos en la década de los 60’s. Estos héroes fueron creados (la mayoría de ellos) por la que muchos han llamado, la Trinidad de Marvel: Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, antes de estas creaciones, jamás se hubiera pensado que los héroes tuvieran problemas económicos, psicológicos o sociales.

Desde entonces, se lucha contra la dañina idea de que los cómics de superhéroes son historias para niños. Hombres como Stan Lee se preocuparon por demostrar que aquellos que han sido premiados con un gran poder, tienen la obligación moral de hacer de este mundo un lugar mejor; por medio de su increíble imaginación, Stan Lee nos regaló historias y personajes que nos demuestran que la humildad y la responsabilidad son las virtudes más importantes de los héroes, y ese, no es un pensamiento infantil, es una filosofía inmortal.

Autor: Carlos Rodríguez

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